¿Cómo tratar a un niño con Tastorno del Espectro Autista?

autismo

Empecé a trabajar con peques siendo muy joven, ayudando en clases de infantil en una academia a la que yo iba por las tardes a que me explicasen sintaxis (que reconozco que ha sido desde que tengo memoria mi punto débil), y desde entonces les he dado clases particulares a muchísimos niños distintos: algunos con dislexia, otros con hiperactividad, otros con autismo, y muchos a los que ni siquiera había que aplicarnes ningún trastorno, porque no lo tenían.

No todos los niños necesitan lo mismo. Que un niño sea nervioso, muy hablador, introvertido, inquieto… no quiere decir que tenga un trastorno, a veces que es que es así. Hoy le intentamos poner nombre a todo, pero no todas las cosas tienen nombre. Ni la necesitan, sinceramente.

La cosa es que hay otros comportamientos que sí lo tienen, y, aunque un alumno tenga LO MISMO que su compañero, no tiene por qué seguir las mismas rutinas, ni las mismas normas, ni se les debe hablar de la misma forma, porque lo que a uno le ayuda, a otro puede agobiarle. Y con el autismo esto se nota muchísimo más.

Muchos profes nuevos llegan a su clase nueva pensando que hay una especie de manual para tratar a un niño con TEA, pero en cuanto empiezas a convivir con ellos, te das cuenta de que cada uno tiene su propia forma de entender el mundo.

Déjame darte unas pequeñas ideas que puedes aplicar, recordando que todos son diferentes.

 

Entender que cada niño con TEA es completamente diferente

Creo que lo primero que aprendí cuando empecé a trabajar con niños con autismo fue que no hay dos niños con TEA iguales. Sé que ya lo he dicho, pero es que es FUNDAMENTAL que entiendas esto para que sepas cómo actuar, porque al principio mucha gente piensa que, por ser autistas, todos se comportan de la misma forma, pero no es cierto.

  • Hay niños que hablan muchísimo y cuentan todo lo que pasa a su alrededor con una pasión increíble.
  • Otros, en cambio, apenas hablan y se comunicaban más con gestos o señalando cosas.
  • También hay niños que entienden de sobre lo que se les dice, pero que, en cambio, van a necesitar de más tiempo para responderte. No es que no entendan, es que necesitan unos segundos más para procesar lo que escuchan.
  • Otros niños comprenden mejor cuando se usan apoyos visuales, como dibujos o pictogramas, porque les ayuda a entender las instrucciones.

Por eso, antes de intentar aplicar cualquier estrategia, lo primero que yo hacía siempre era observar: me fijaba en cómo se movía por el aula, qué juguetes buscaba, qué actividades le interesaban más y cuáles ignoraba… También observaba cómo reaccionaba cuando algo cambiaba en su rutina.

Esto fue lo que de verdad me permitió conocer al niño. Y, cuando entendí qué cosas le ayudaban y cuáles le agpbiaban, empezamos a entendernos los dos mucho mejor.

 

No dar nada por sentado antes de intentar cambiar su comportamiento

Algo que vi muchas veces cuando llegaban profes nuevos fue que querían ayudar tan rápido que empezaban a intentar corregirlo todo desde el primer día. Si el niño no participaba, intentaban forzarlo a hacerlo. Si no jugaba con otros, trataban de empujarlo a interactuar.

No me malinterpretes, intentar que el niño interactíe es bueno, claro, y todo el mundo quería ayudar… pero con los niños con TEA muchas veces pasa justo lo contrario de lo que espera y, en vez de conseguir ayudarlo, lo que se consigue es que se agobie aún más. El niño puede bloquearse, u otras veces solo se relajab más. Hay que tener cuidado con esto.

Lo que yo te recomiendo es que no presupongas nada por el simple hecho de ser TEA. Deja que el niño fluya, obsérvalo, y verás qué funciona mejor con él y qué es mejor evitar.

 

Las rutinas son muy importantes para ellos

Las rutinas son una de las cosas que más ayudan a los niños con TEA a estar tranquilos dentro del aula, y te darás cuenta si un día te toca darle clase a uno de ellos. Cuando el día tiene un orden claro y predecible, el niño sabe qué esperar, no hay sorpresas que no pueda predecir, y eso reduce muchísimo la ansiedad.

Desde Clínicas NEA, centro sanitario situado en Madrid compuesto por un equipo multidisciplinar de Neurología, Neuropsicología, Psiquiatría y Psicología, me explicaron en su día que las rutinas permiten que los niños con autismo puedan anticipar lo que va a ocurrir durante el día, y que es esa anticipación justo lo que les da esa seguridad, porque el entorno deja de ser imprevisible.

Yo hago esto de forma muy sencilla en el aula. Por ejemplo, pongo pictogramas donde se puede distinguir perfectamente el orden del día: asamblea, juego, patio, merienda, cuento… Así, el niño puede mirar el panel y saber qué va a venir después.

Otra cosa que tambien hago es avisar de los cambios. Por ejemplo, digo en voz alta que “en cinco minutos recogemos los juguetes”, y luego vuelvo a avisar cuando queda un minuto, para que el niño esté pendiente. Para ellos es muy importante poder prepararse para ese cambio.

No tiene que ser estricto, las rutinas pueden romperse por cualquier circunstancia, y tampoco tiene que ser lo mismo todos los días. Pero, si se explican a medida que suceden, al menos cinco o diez minutos ante de tiempo, los niños con TEA se estresan menos.

 

Hablar con frases claras y sencillas

Cuando trabajas con niños pequeños en general, y especialmente con niños con TEA, la forma en la que hablas puede afectar a su percepción. Por ejemplo, usar frases largas o con muchas instrucciones mezcladas puede confundirlos, porque no entienden lo que les estás pidiendo.

Por eso intento hablar siempre con frases cortas y clara, en vez de usar explicaciones larga. Yo creo que lo mejor es dividir la información en pasos pequeños: algo como “coge el lápiz”, “siéntate”, “vamos a pintar”… Frases cortas y directas que no den lugar a confusiones.

También acompaño mucho las palabras con gestos o señalando objetos. Si digo “guardar”, señalo la caja. Si digo “sentarse”, señalo la silla, porque usar ambos en conjunto ayuda a que el niño entienda el mensaje mucho mejor.

Otra cosa muy importante es dejar tiempo para que el niño procese lo que escucha. Algunos niños con TEA necesitan unos segundos de más para entender una instrucción y responder. Si repites la orden demasiado rápido, solo vas a perturbarlo un poco.

 

Respetar sus tiempos para relacionarse con otros niños

Una de las cosas que más preocupa a los profes nuevos es cuando un niño con TEA no interactúa mucho con el resto del grupo, pero algo que aprendí yo con el tiempo es que cada niño tiene su propio ritmo social, y no puedes romperlo ni forzarlo.

Hay niños que prefieren observar, antes de participar. Otros juegan cerca de los compañeros, pero sin interactuar directamente con ellos. Y algunos necesitan ayuda para iniciar el juego o para mantenerlo durante más tiempo.

Lo que debes recordar es que no puedes forzar esas situaciones sociales. Si obligas a un niño a participar cuando no está preparado, puedes agobiarle y, tras esto, crear un mal recuerdo que haga que no quiera participar más.

Intenta crear momentos de interacción muy simples. Por ejemplo, crea juegos en pareja con reglas muy claras o actividades donde todos hagan lo mismo al mismo tiempo, porque solo tiene que ver lo que hacen los demás y repetirlo. De esta forma, se reduce la presión social y el niño está más cómodo.

También hablo mucho con el resto de niños del aula para que tengan paciencia y no haya faltas de respeto. Los niños suelen entender muy bien que cada compañero es diferente y, cuando lo explicas con naturalidad, el grupo se adapta mucho mejor.

 

Identificar qué cosas pueden generar sobrecarga sensorial

Muchos niños con TEA presentan cierta sensibilidad especial a ciertos estímulos del entorno.

  • El ruido es uno de los factores que más los altera. Por eso, que tu aula esté llena de niños hablando, moviendo sillas o jugando puede ser demasiado para algunos de ellos.
  • También las luces fuertes o los espacios muy cargados de estímulos pueden generar incomodidad, y, si hay muchos de ellos en la clase, vas a ver cómo se inquieta poco a poco.

Cuando trabajo con un niño con TEA, presto mucha atención a estas cosas. Si se tapa los oídos, se agita o intenta salir de la clase, me indica que algo en el entorno le resulta demasiado intenso, y trato de descubrir qué es para ayudarlo a menguarlo y a tranquilizarse.

Una solución muy sencilla es crear pequeños espacios tranquilos dentro del aula: un rincón con menos ruido, cojines o algún objeto que le ayude a relajarse. No me malinterpretes, no quiero aislarlo, sino ofrecerle un lugar donde pueda calmarse.

 

Reforzar siempre los pequeños avances

Con cualquier niño es importante reconocer los avances que tiene, porque les ayuda a comprender que van por buen camino, pero con los niños con TEA es todavía más importante. Muchos pasan gran parte del día escuchando cómo se les corrige, y esto frustra muchísimo (no solo a los TAE, sino incluso a los adultos): que si eso no se hace así, que si toca otra cosa o que hay que esperar. Si les decimos siempre lo que está mal, es se frustran o, peor aún, dejan de sentir motivación. Por eso empecé a fijarme más en lo que sí hacían bien.

En el aula hay muchísimos momentos pequeños que se pueden reconocer. Por ejemplo, si un niño recoge un juguete, espera su turno o intenta decir algo bueno esperando su turno, lo ensalzo. Basta con decir “muy bien”, sonreír o hacer un gesto positivo para que entienda que eso está muy bien hecho.

Cuando se les reconoce su esfuerzo con cosas positivas, tienden a repetirlo. Al final, esas pequeñas cosas se convierten en hábitos en el aula.

 

Adaptar las actividades para facilitar la participación

En cualquier clase hay actividades que son fáciles para unos niños y muy difíciles para otros, eso no es discutible. El problema es que con los niños con TEA esto se nota mucho, porque algunas de esas cosas pueden ser muy complicadas para ellos si tienen muchos pasos o si las instrucciones no son muy claras. Por eso es bueno adaptar un poco la actividad para que la pueda entender y pueda participar sin sentirse perdido.

Yo divido la actividad en pasos pequeños. En lugar de explicar todo de golpe, voy indicando cada parte muy poco a poco. Ah, también ayuda mucho mostrar primero cómo se hace. Cuando el niño ve el ejemplo, le resulta más fácil comprender qué tiene que hacer y cómo hacerlo.

Otra cosa que ajusto es el tiempo de espera. Hay niños que se frustran si tienen que esperar mucho para participar, así que, si la actividad lo permite, intento reducir esos tiempos o darles un turno más rápido al principio.

 

Mantener una buena comunicación con la familia

Cuando trabajas con un niño con TEA, la relación con la familia es súper muy importante. Los padres son los que más conocen al niño, y saben muchas cosas sobre su comportamiento, qué le gusta, qué le cuesta más o carmarlo si se frustra, y esa información nos puede ayudar mucho a entenderlo mejor en el aula.

Tienes que hablar con la familia a menudo. A veces los padres te hablaran de qué estrategias usan en casa y que les funcionan muy bien. Otras veces seremos nosotros, los profes, quienes les explicaremos los avances que el niño está mostrando en el colegio y que quizá la familia no ha visto todavía.

Además, los padres se sienten mucho más tranquilos al ver que tienen un profe que sabe cómo tratarlos y que se adapta a su ritmo.

 

La paciencia y la comprensión son lo más importante

Lo que es más necesario para poder trabajar con ellos es la PACIENCIA. Cada niño tiene su ritmo, y los cambios pueden tardar a veces en verse mucho tiempo. De hecho, no te extrañes si pasan semanas sin que parezca que avance nada, porque de repente surgirán pequeños progresos.

Hay que tener paciencia, porque cada niño, tenga el trastorno o la edad que tenga, necesita su propio ritmo.

Al final, con el tiempo, te aseguro que aprenderás a tratar a cada niño como debes.

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