Ver mal es algo que enseguida nos lleva al oftalmólogo. Perder el oído, nos obliga a visitar al otorrinolaringólogo. Sin embargo, si perdemos el olfato, lo achacamos a un resfriado y si se nos altera el gusto, no le damos demasiada importancia. En este último caso, es posible que se perciban los sabores de una forma anómala, lo que se conoce como disgeusia. Esta afección, implica que la percepción de los sabores, tanto en bebidas como en alimentos, se perciba de una forma diferente. Además de que implica tener una continua sensación de mal sabor en la boca.
La disgeusia, puede acompañarse de otras alteraciones como el síndrome de la boca ardiente, así como de síntomas de los cuales vamos a tratar en este artículo. Empezando por conocer en qué consiste esta alteración de la forma en la que se perciben los sabores, que, puede presentarse de diversas formas. Cuando existe una disminución en la capacidad para detectar sabores, se la denomina hipogeusia. En el caso de que la distorsión del gusto, se perciba como un sabor metálico, se la conoce como parageusia. Si se produce una pérdida total del sentido del gusto, más grave y diferente de la disgeusia, se la conoce como ageusia.
Las personas que sufren disgeusia, suelen describir los alimentos como insípidos, amargos o metálicos. Aspecto que puede afectar de forma directa a su alimentación y, en consecuencia, a su nutrición. Por lo que conviene prestar atención al sentido del gusto y conocer todo lo relativo a esta anomalía del gusto, así como a otros trastornos que pueden afectar a las papilas gustativas, sus síntomas y los tratamientos posibles.
Sin lugar a dudas, ingerir un alimento o bebida y que su sabor no sea el que debe, conlleva una sensación desagradable que puede implicar que se dejen de consumir ciertos alimentos. De manera que vamos a adentrarnos en este problema que afecta a nuestras papilas gustativas.
Disgeusia, lo que debemos saber
Esta palabra, un tanto enrevesada, define a la alteración del sentido del gusto, como ya hemos comentado. En Lozano y López Clínicas Dentales, nos explican que cuando se produce, la persona percibe los sabores con menor intensidad o ni siquiera es capaz de percibirlos. Esta enfermedad afecta negativamente a aquellos que la padecen, puesto que impide degustar los alimentos y bebidas como corresponde. Además, implica que surjan otras complicaciones y molestias, como puede ser tener de forma constante la sensación de percibir sabores metálicos, salados o rancios en la boca.
El término disgeusia abarca cualquier tipo de anomalía o problema que se produzca en las papilas y afecte a la percepción de los sabores. Como ya hemos comentado, existen varios tipos de disgeusia. Aparte de los citados, encontramos la fantogeusia, en la que persiste la sensación de sabor amargo, y la hipergeusia, en la que los sabores se sienten con mayor intensidad.
Los síntomas parecen muy evidentes. Podemos sospechar de padecer algún tipo o grado de disgeusia, cuando se siente alguno de los siguientes signos:
- Mal sabor de boca constante, no solo de forma puntual, como cuando nos despertamos o ingerimos algún alimento de sabor fuerte.
- Sensación de ardor o dolor en la cavidad oral, especialmente en la lengua, conocido como síndrome de la boca ardiente.
- Alteración de cualquier tipo en la percepción de los sabores.
Como se puede apreciar, se trata de síntomas muy concretos y que afectan, indudablemente, a la cavidad oral. Si suceden de forma puntual, no hay que darles importancia, pero si permanecen en el tiempo, conviene prestar la atención necesaria.
Las razones por las que se origina la disgeusia, son diversas y variadas. En muchas ocasiones, se asocian a trastornos neurológicos y no a un mal funcionamiento de las papilas gustativas. Factores tumorales o problemas relacionados con el sistema nervioso central, psicosis o el síndrome de Sjögren, pueden ser los responsables. Aunque la lista de factores que pueden desencadenar disgeusia es más amplia:
- La toma de ciertos medicamentos.
- Intervenciones o cirugías realizadas en los oídos o la garganta.
- Malnutrición.
- Abuso del tabaco, puesto que la nicotina y las toxinas depositadas en la boca, producen un efecto muy negativo para la salud oral, afectando al gusto.
- Diabetes no controlada, ya que tiene una relación bidireccional en la boca que, de no tratarse como es debido, puede generar sequedad bucal o enfermedad periodontal.
- Infecciones orales, tanto virales como bacterianas, que afectan a las papilas gustativas.
- Problemas dentales como afección en las encías, caries o problemas con la prótesis.
- Deficiencias nutricionales como falta de zinc o vitamina B12.
- Trastornos neurológicos como la esclerosis múltiple.
- Enfermedades sistémicas, como la citada diabetes o enfermedades hepáticas.
- Tratamientos contra el cáncer, como la radioterapia o la quimioterapia, que pueden dañar las papilas gustativas.
- El alcohol.
El diagnóstico de esta enfermedad, implica una evaluación clínica exhaustiva en la que se puede incluir, el historial médico, con análisis de los medicamentos. Un examen oral en el que se inspecciona la boca, dientes y encías. Una prueba del gusto, para evaluar la capacidad de detectar y diferenciar sabores. Así como pruebas de laboratorio, tales como un análisis de sangre para detectar las deficiencias.
Tratamiento en función del diagnóstico
Lógicamente, viendo todas las posibles causas que pueden preceder a la disgeusia, para su abordaje, es imprescindible contar con un diagnóstico fiable y certero. Sin un buen diagnóstico no se puede tratar la afección, debido a que las causas son muy variables y dispares.
Por lo que conviene acudir a un otorrinolaringólogo para que realice la valoración y el diagnóstico. Estos especialistas, son expertos en las patologías relativas a la nariz, la garganta y el oído, por lo que disponen de las pruebas específicas, necesarias para poder medir la percepción de los sabores del paciente. De manera que, realizando las pruebas correspondientes, puede determinar hasta qué punto se trata de disgeusia.
Una vez que el profesional dispone de la información necesaria, se procede a la recomendación de un fármaco alternativo, siempre que el trastorno no sea a causa de la ingesta de medicación. O controlar la afección que crea la alteración del gusto. En aquellas personas que padecen un problema neurológico, es posible que el sentido del gusto se recupere de forma gradual o espontánea. Como sucede con las personas que han padecido Covid-19 y han perdido el gusto.
Como sabemos, las papilas gustativas, son la parte de la boca que se ocupa de proporcionar a nuestro cerebro, la información necesaria para poder procesar los sabores. Cuando estas no funcionan bien y de forma adecuada, es posible que sea debido a un problema de disgeusia. Sin embargo, es posible que pueda ser debido a otros problemas, entre los cuales, podemos destacar la papilitis lingual. Esta afección, consiste en una reacción pasajera que genera pequeños bultitos en la superficie de la lengua.
Así mismo, las papilas gustativas, pueden sufrir alteraciones a consecuencia de los cambios hormonales, como puede ser un embarazo o, incluso, a causa de un sistema inmunitario débil.
Aunque ya hemos comentado que los tratamientos difieren, a razón de la causa subyacente, los más habituales son los siguientes:
- Realizar un ajuste en los medicamentos, modificando aquellos que puedan estar afectando al gusto.
- Incluir suplementos nutricionales en la dieta, cuando se trata de deficiencias de nutrientes
- Tratar la infección con antibióticos y antivirales, según proceda.
- Acudir al dentista y abordar los problemas dentales o ajustar la prótesis, según el caso.
- Rehabilitación del gusto, haciendo ejercicios específicos que, en según qué casos, pueden ayudar a mejorar la percepción del gusto.
- Modificar la dieta, incluyendo en ella alimentos más atractivos para la persona que sufre alteración del gusto.
De cualquier modo, es imprescindible acudir al médico y encontrar la razón por la que se sufre disgeusia o cualquier alteración del gusto, sobre todo si persiste en el tiempo.
Como ya hemos visto, esta afección no afecta únicamente al disfrute de los alimentos en nuestra vida diaria. Puede ser el síntoma de otra enfermedad de mayor gravedad que no ha sido detectada. La disgeusia como tal, no supone nada, salvo que no se perciben los sabores como es debido. Lo relevante es que suele ser más un síntoma de otra enfermedad que una enfermedad como tal. Conviene, por lo tanto, prestar la atención necesaria, ante cualquier cambio físico que se produzca en la lengua y, sobre todo, a la percepción de los sabores siempre que se vea alterada.
Algunos consejos que se pueden seguir ante la pérdida del gusto, para conseguir más sabor en las comidas, pueden ser: preparar alimentos con variedad de colores y texturas, recurrir a las hierbas aromáticas y las especias para realzar el sabor y evitar los platos que combinen diferentes alimentos, puesto que pueden ocultar sabores y diluirlos. Con estas medidas, la alimentación no perderá interés, puesto que no perderá todo el sabor para nuestras papilas gustativas alteradas.
Estos aspectos deben tenerse en cuenta, puesto que el gusto estimula el deseo de comer y, si se pierde el gusto, no se come igual. Además, ayuda a detectar los alimentos o bebidas en mal estado. Por lo que, como ya hemos repetido, si la disgeusia persiste, conviene acudir al especialista.



