En los últimos 5 años, el número de casos de bruxismo se ha disparado en nuestro país. Un hecho que preocupa a la comunidad sanitaria. Aunque, por suerte, la gran mayoría de los casos no son de gravedad, este es un fenómeno al que debemos prestar atención.
El bruxismo, como veremos a lo largo del artículo, es un acto involuntario que consiste en rechinar los dientes y frotarlos entre sí. Además de desgastar la dentadura y producir fisuras en las piezas dentales, puede ocasionar jaquecas recurrentes, dolores de oído, de cuello y de mandíbula.
El Consejo General de Dentistas alerta que uno de cada cuatro españoles padecen bruxismo, un 23%, aproximadamente. Otras fuentes cifran la incidencia en un 70% de la población. La mayoría de los españoles padecen bruxismo en algún momento de su vida, con mayor o menor gravedad.
Este no es un problema endémico. Su incidencia parece haber aumentado después del COVID-19. Antes de la pandemia, el bruxismo tan solo afectaba a un 6% de la población española.
Según un estudio realizado por un equipo de investigadores de la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid, el aumento del bruxismo en nuestro país tiene un marcado carácter psicológico. Factores como el consumo de alcohol y de cafeína, que influyen en la aparición de este trastorno, se mantienen estables con respecto a antes de la pandemia. Mientras que otras variables relacionadas con la salud mental, como el estrés, la ansiedad y los trastornos del sueño, han aumentado.
Dentro del bruxismo hay que diferenciar dos grandes categorías: el bruxismo diurno (que aunque es involuntario, el sujeto es consciente de que lo está padeciendo) y el bruxismo nocturno (que ocurre mientras dormimos y suele pasar desapercibido). En ambos casos, el estrés está incidiendo en su aumento. El bruxismo diurno parece que actúa, muchas veces, como una válvula de escape de los ataques de estrés y de ansiedad que padecemos en un momento dado; mientras que el bruxismo nocturno está más relacionado con trastornos del sueño y problemas respiratorios, donde las preocupaciones acumuladas del día a día actúan como un factor agravante.
Los efectos del bruxismo.
Para comprender la incidencia del bruxismo sobre la salud, nada mejor que detenernos en enumerar algunos de sus efectos. La web Medline Plus señala que estas son algunas de sus complicaciones:
- Dientes fracturados. La erosión de los dientes es el efecto directo más evidente del bruxismo. Al apretar los dientes con fuerza podemos provocar fisuras y fracturas en los dientes que ponen al descubierto la pulpa, generando dolor e hipersensibilidad dental.
- Encías retraídas. El hecho de apretar los dientes con fuerza pueden bajar la línea de las encías, facilitando el desarrollo de enfermedades periodontales.
- Problemas en la articulación temporomandibular. El bruxismo puede causar graves problemas en la mandíbula, que terminan irradiando dolor a otras partes de la cabeza.
- Trastornos alimentarios. Si por causa del bruxismo, nos duelen los dientes al comer determinados alimentos crujientes o un poco más duros, terminaremos eliminándolos de nuestra dieta, sufriendo de esta manera déficits nutricionales.
- Insomnio. Parece haber una relación directa entre el insomnio y el bruxismo nocturno. De tal manera, que ambas se retroalimentan.
- Dolor de cabeza. Algunas cefaleas y jaquecas recurrentes tienen su origen en el bruxismo. La tensión muscular en la mandíbula que produce el bruxismo se propaga por la cabeza en dirección al cráneo.
- Dolores de oído. Del mismo modo, una alteración en el disco cartilaginoso de la articulación temporomandibular puede ejercer indirectamente presión en el oído interno.
- Depresión y ansiedad. Varios estudios fijan una relación directa entre el bruxismo crónico y los trastornos de ansiedad y de depresión. El trastorno dental empeora los síntomas de estas enfermedades mentales y crea un círculo vicioso en el que ambas se retroalimentan.
El bruxismo nocturno.
Hemos indicado en la introducción que hay dos modalidades de bruxismo: el diurno y el nocturno. Vamos a detenernos en este último, pues es el más frecuente, el que prevalece más en el tiempo y el que es más difícil de detectar.
Según explica la revista Actualidad Sanitaria, el bruxismo nocturno es un trastorno funcional que se manifiesta durante el sueño y se caracteriza por el apretamiento o rechinamiento involuntario de los dientes. A diferencia del bruxismo diurno, la persona no es consciente de que lo padece, ya que los movimientos mandibulares se producen mientras duerme. En muchos casos, son la pareja o los familiares quienes detectan el problema al escuchar el ruido dental, o bien se descubre en una revisión dental rutinaria por los signos de desgaste en las piezas dentales.
Este tipo de bruxismo está estrechamente vinculado a factores emocionales y neurológicos. El estrés, la ansiedad acumulada, las preocupaciones constantes o una mala calidad del sueño pueden actuar como desencadenantes. Durante la noche, el sistema nervioso sigue activo y, en determinadas fases del sueño, el cuerpo puede liberar tensiones mediante contracciones musculares repetitivas, afectando a la mandíbula y a la musculatura facial. También se ha observado una relación directa con trastornos del sueño, como los micro-despertares frecuentes.
El bruxismo nocturno suele clasificarse en distintos grados según su intensidad y frecuencia. En una fase leve, los episodios son ocasionales y apenas provocan daños visibles, aunque pueden aparecer molestias musculares al despertar. En un nivel intermedio, el bruxismo se vuelve más regular y comienzan a detectarse signos claros como desgaste dental, sensibilidad en los dientes, dolor mandibular o cefaleas matutinas. En estos casos, el paciente suele notar rigidez en la zona de la mandíbula al levantarse.
En los cuadros más severos, el bruxismo nocturno está firmemente establecido y provoca un deterioro progresivo de la dentadura, sobrecarga de la articulación temporomandibular y dolores persistentes en cuello y cabeza.
Cuando acudir al dentista.
Si sospechamos que padecemos bruxismo, el lugar al que debemos acudir es a nuestra clínica dental. Los síntomas más evidentes del bruxismo son el dolor muscular en la zona de la mandíbula, dolor de dientes y dolor de cabeza.
El bruxismo actúa como un movimiento reflejo de descarga de la tensión acumulada, por lo que debemos estar atentos a estos síntomas en situaciones estresantes, como pueden ser las épocas de exámenes o los periodos de carga elevada de trabajo.
El profesional sanitario que mejor puede detectar el bruxismo es el odontólogo, puesto que este trastorno genera patrones de desgaste dental bastante característico. El bruxismo lima los bordes de los incisivos y de los molares, reduciéndolos de tamaño y, en algunos casos, llegándolos a aplanar.
En aquellos pacientes que aprietan los dientes con fuerza en los ataques de bruxismo, se producen grietas en el esmalte, que indican la inminencia o presencia de fisuras, que es difícil que aparezcan con esa forma por medio de traumatismos o impactos externos.
El bruxismo, cuando afecta a la mandíbula, puede producirnos dolor al intentar abrir la boca por completo y una rigidez mandibular poco habitual. También es probable que nos dificulte la masticación y la digestión, ya que engullimos los alimentos con una trituración insuficiente.
Muchos de los síntomas de los que estamos hablando, pueden tener una causa diferente al bruxismo. Quien mejor nos puede sacar de dudas es el dentista por medio de una revisión de nuestra dentadura.
El bruxismo lo cura el dentista.
Aunque hay expertos que recomiendan recurrir a técnicas de relajación y acostumbrarnos a adoptar hábitos saludables de sueño, lo cierto, es que a día de hoy, quien trata con mayor eficacia los casos de bruxismo son las clínicas dentales.
Cualquier dentista puede diagnosticar el bruxismo, pero no todas las clínicas dentales resuelven el problema. Así nos lo comentan los odontólogos de CIPEM, una clínica dental de Pozuelo de Alarcón (Madrid) que incluyen el bruxismo y los trastornos en la Articulación Temporomandibular (A.T.M.) entre sus principales tratamientos. “A simple vista, todas las clínicas dentales nos parecen iguales, pero hay determinados problemas que requieren un enfoque personalizado y unos conocimientos de cirugía que algunos facultativos no nos pueden proporcionar.” – Mencionan estos odontólogos en su web.
El remedio más utilizado para abordar el bruxismo son las férulas de descarga. Son unas fundas dentales hechas a medida, que protegen las dos arcadas (la superior y la inferior) evitando que los dientes se rocen mientras dormimos y relajando la musculatura. Son fundas personalizadas por dos razones. La primera es que deben recoger la forma exacta de la dentadura del paciente para evitar un desplazamiento dental. Y en segundo lugar, porque el material de la férula está reforzado en aquellas partes donde la protección es más necesaria.
Como sucede con otras férulas, como las del blanqueamiento dental ambulatorio, el paciente se coloca la protección antes de irse a dormir y se la retira al levantarse.
En aquellos casos donde el bruxismo nocturno está relacionado con la apnea del sueño, se recurre a un Dispositivo de Avance Mandibular, que coloca la boca y los dientes de tal manera que evita que se obstruya la entrada de aire y, por tanto, el cuerpo reaccione con ataques de bruxismo.
Aunque sea frecuente, el bruxismo no es un asunto menor, por lo que al menor síntoma, es recomendable acudir al dentista.



