El mundo empresarial en España continúa cambiando a pasos agigantados, incluso aunque no nos demos cuenta de ello. Una de las cosas que ha puesto esto de manifiesto en los últimos años ha tenido que ver con el hecho de que cada vez hay más mujeres emprendedoras en el interior de nuestras fronteras. Y esa es una excelente noticia. ¿Por qué una mujer no iba a poder realizar un excelente trabajo en materia de dirigir un negocio? Hasta hace no demasiado, y aunque parezca mentira, esto no era concebido como algo del todo normal. Y, por desgracia, todavía hay mucha gente que sigue pensando lo mismo.
Estoy orgulloso de decir que en mi familia hay un ejemplo claro de buena emprendedora. Esa ha sido mi madre, que no solo se ha encargado de que a mi hermano y a mí nunca nos falte de nada, sino que también ha dirigido de una manera brillante un negocio familiar como el nuestro, un taller especializado en neumáticos para todo tipo de vehículos. Aunque es una profesión en la que siempre han tenido una clara prevalencia los hombres, ella desafió a todas aquellas personas que pensaban que esta era una profesión para ellos y ha sido capaz de sacar adelante el negocio en muchas ocasiones sin mucha ayuda, como ahora pasaré a comentaros.
Fueron tanto ella como mi padre quienes arrancaron este proyecto hace algo más de dos décadas, poco después de casarse. Mi padre era el que más sabía al respecto de las cuestiones técnicas que tienen que ver con la reparación de vehículos y más concretamente con las de los neumáticos, pero era mi madre la experta en gestionar todo lo que tenía que ver con el papeleo, los trámites y el pago de impuestos que van asociados a toda empresa, por grande o pequeña que sea. Cada cual tenía repartido su trabajo y la verdad es que la empresa funcionaba de perlas. Y es que, como dice una noticia publicada en la página web del Heraldo, hay más de un millón de empresas familiares en este país, así que tan mal no funcionarán.
La empresa funcionó sin problemas durante buena parte de su historia, pero una de las cosas malas que tienen los negocios familiares es que, como haya problemas de familia, se pueden llegar a resentir y mucho. Esto es, por desgracia, lo que ocurrió en mi familia. No es algo que sea cómodo ni mucho menos, eso seguro que lo sabéis, porque todas las discusiones se producen por dos y durante todo el día, puesto que marido y mujer están en el mismo lado durante las 24 horas, sin que haya un espacio para que cada uno tenga su trabajo y “descanse” del otro. Esto es lo que sucedió en nuestro caso y la verdad es que no se lo deseo a nadie, ni siquiera a mi peor enemigo. Os lo juro.
Los problemas comenzaron hace algunos años, cuando la convivencia empezó a resquebrajarse en mi familia. Las discusiones se sucedían por todo: tanto por la gestión del trabajo como por la de la casa. Nosotros ya éramos adultos y nos dábamos cuenta de la situación y, a pesar de que intentamos mediar entre los dos, fue más que obvio el hecho de que la cosa iba en una dirección: la del divorcio. Y eso nos iba a dar muchos problemas, más allá de en el terreno de la familia, en el de la empresa. Nosotros vivimos en un pueblo y solo con el hecho de que se sepa que el matrimonio que regenta un negocio está en horas bajas ya puede resentirse la facturación y la confianza que los clientes pongan en el negocio. Es algo que puede suceder que nosotros hemos vivido en primera persona.
Las cosas se empezaron a poner especialmente crudas cuando mi padre solicitó quedarse con la empresa sin dejarle un solo euro a mi madre. Esta situación, por supuesto, no era para nada justa y los hijos del matrimonio intentamos poner algo de cordura en la cabeza de mi padre, pero él se justificaba diciendo que sin él en el negocio, este no funcionaría porque era la persona que llevaba a cabo los trabajos técnicos por los cuales venían los clientes, despreciando de ese modo la labor que hacía mi madre y que era también muy importante para que la gestión del negocio se realizara de una manera correcta.
Aterrorizada por la idea de que mi padre pudiera asumir el control completo de la empresa cuando la propiedad era de los dos, mi madre comenzó a buscar un abogado que pudiera defender sus intereses. Estuvo meditando y moviéndose aquí y allá entre varios bufetes, quedándose finalmente con el de Román Abogados Villena porque eran expertos en aquello que más le interesaba: derecho mercantil, mediación y derecho de familia. Necesitaba como el respirar alguien que le ayudara a salvar aquella situación porque no veía justo (y es que no lo era) salir damnificada de una situación como la que se había creado.
Por suerte, las cosas salieron bien. Y es que en muchas ocasiones es la justicia la única capaz de parar a las personas que han perdido la razón. Daros cuenta de que esa pérdida de razón la estoy comentando por mi propio padre, al que por supuesto seguimos queriendo, pero es verdad que la realidad hay que presentarla tal y como es. Los abogados de mi madre la acompañaron en todo momento para evitar que mi padre se hiciera cargo del negocio por su cuenta y consiguieron, además, que fuera ella quien se quedara con el negocio al 100% al saldarse con una venta la salida de mi padre de la empresa. Quedaron los dos contentos: mi padre con el dinero y mi madre con su negocio.
El taller ha seguido funcionando con la máxima normalidad desde entonces. Lo que hizo mi madre fue contratar a otro experto en la materia para que se encargara de las labores técnicas y mantenerse ella en la gestión del negocio, exactamente del mismo modo en que ocurría antes. La fórmula ha salido muy bien porque el negocio sigue funcionando y porque, además, una vez que se ha acabado el matrimonio de mis padres y las discusiones en el trabajo, la gente ha recuperado la confianza en nosotros. Dicen que a veces es mejor divorciarse y terminar una relación, que forzar las cosas y estirarlas mucho más en el tiempo y creo que este es un buen ejemplo de ello.
Los problemas familiares y las sucesiones hacen que este tipo de empresas estén en riesgo
Problemas como los que hemos tenido nosotros en nuestra familia y empresa son bastante habituales cuando se mezclan las dos cosas, por desgracia. Pero es que también hay que tener en cuenta lo que representan las sucesiones. En muchos casos, los sucesores no desean continuar con el negocio familiar porque quieren optar por trabajar en otra cosa. Estamos seguros de que son muchas las personas que conocéis que han pasado por esto. La consecuencia es que hay un negocio que tiene que echar la reja de manera definitiva cuando llega la hora de que las personas que se han encargado tradicionalmente de él se jubilen.
Hay un dato bastante revelador en este sentido y es que solo el 29% de las empresas familiares superan los 25 años. Es algo que se publicó en una noticia que vio la luz en la página web del diario El Confidencial. En la noticia, se destaca principalmente el problema de la sucesión como el gran causante de esto, aunque es verdad que los problemas familiares como el que se desarrolló en mi familia también tienen gran parte de la culpa de que esto sea así. Sería bonito que hubiera muchos más negocios que se transmitieran de generación en generación. Los hay, pero no muchos y cada vez quedan menos.
Ojalá que las cosas fueran diferentes en ese sentido, pero la realidad dice que los pequeños negocios de las familias están quedando suplantados por los de grandes franquicias. Esa no es una buena noticia porque al final estamos construyendo ciudades que son iguales unas que otras y porque los oficios de toda la vida cada vez son más raros de ver. Y no nos cabe la menor duda de que eso se va a seguir desarrollando con el paso de los años.
Nosotros, por nuestra parte, vamos a intentar por todos los medios que la empresa para la que trabajamos, la empresa de nuestra familia, continúe viva durante muchas generaciones más. El negocio funciona y la gente confía en nosotros. Por si fuera poco, quienes nos hagamos cargo de la empresa cuando nuestra madre ya no esté, estamos especializados en la materia y preparados para coger las riendas. Para nosotros, y como no podía ser de otra manera, es todo un honor que así sea. Estaremos orgullosos de honrar especialmente a nuestra madre, que es una verdadera líder.



