Una historia de amor, pero con poca pasión

Cuando conocí a Laura, todo parecía mucho más fácil. Nos reíamos mucho. Nos buscábamos todo el tiempo. Nos gustaba estar juntos. Sentíamos ese calor que tienen las parejas que empiezan. Ese deseo que parece no acabarse nunca. Hacíamos el amor en diferentes sitios y tenías muchas ganas.

Pero con el tiempo algo cambió. No fue de golpe. Fue como una llama que se va apagando poco a poco. Al principio no lo notamos. O no quisimos notarlo. Yo pensaba que era el cansancio, el trabajo, la rutina. A ella le pasaba lo mismo. Pero después empezaron las dudas. La verdad es que yo creía que mi mujer tenía un amante porque ya no quería hacer el amor conmigo. Cada noche era una excusa.

Y digo noche, porque si hacíamos algo, era siempre por la noche y con la luz apagada. Estaba claro que algo no funciona.

Yo tenía un problema del que no hablaba con nadie: la eyaculación precoz. Me daba vergüenza. Me hacía sentir menos. Cada vez que estábamos juntos, tenía miedo. Miedo de fallar. Miedo de decepcionarla. Me daba mucha rabia ver esas películas de pasión donde hay mucha conexión. Yo todo lo contrario.

Empecé a evitar el contacto y mi mujer tan feliz. Decía que estaba muy cansado o que tenía mucho trabajo. Ella también lo notó. Intentaba acercarse aunque muy poco, y yo me apartaba. No quería, pero lo hacía. No por falta de amor, sino por miedo. Pero ella no lo sabía. Para ella solo era rechazo.

Noches largas

Las noches se hicieron largas, muy largas. Dormíamos juntos, pero no estábamos juntos. A veces ella daba la espalda.. Y cuando hablábamos, discutíamos. Por cualquier cosa. Por cosas pequeñas. Pero en realidad hablábamos desde la frustración. Y para colmo, llegaron unos vecinos que cuando lo hacían eso parecía una película de dos rombos, si eres de la generación EGB seguro que vas a entender lo que te digo.

Una noche explotó todo. Ella me preguntó si ya no la deseaba. Me lo dijo con los ojos llenos de lágrimas. Me dolió mucho verla así. Me quedé callado porque no sabía cómo explicarlo. Me temblaba la voz, pero al final le conté mi problema que no había querido decir nada. Recuerdo que ese día lloré como un niño, me sentía poco para mi mujer.

Aun así, no fue fácil. Después de muchas peleas, muchas dudas, muchas noches sin dormir, tomamos una decisión que nos marcó, y era la de ir a terapia de pareja. Yo no estaba seguro. Me daba vergüenza hablar con un desconocido de algo tan íntimo. Pero ella insistió. Y yo también quería mejorar. Quería recuperar lo que teníamos. Quería que ella volviera a sentirse deseada y yo por fin desear a mi mujer como la deseaba cuando comenzamos a salir.

EN la terapia

La primera sesión en la Clínica Uzal fue tremenda. Estábamos tensos y no sabíamos qué decir. Pero la terapeuta nos habló con calma y nos explicó que la terapia de pareja no era solo para las crisis grandes. Que también servía para mejorar la comunicación. Para recuperar la confianza. Para manejar los celos, la inseguridad, el desgaste emocional. Nos habló de rutinas que enfrían a las parejas. De la falta de tiempo , de mirar tanto el móvil que eso es lo que hace que perdamos todo el interés.

Nos dijo que las dificultades sexuales eran más comunes de lo que pensábamos. Que la pérdida de deseo, la falta de satisfacción y los bloqueos en la intimidad no eran señales de que el amor se acabara. Solo eran señales de que algo necesitaba atención.

Poco a poco la tensión bajó. No de un día para otro, pero sí paso a paso. Yo me sentía menos presionado. Ella se sentía más cerca de mí. Recuperamos la complicidad y la pasión, fue poco a poco porque estas cosas no son de un día para otro, pero yo notaba ya sensación de querer estar juntos y no solo para ver la televisión.

Aprendimos que una relación no se sostiene sola. Que el amor necesita cuidado. Que la confianza se construye cada día. Que la intimidad no es solo física. Que la rutina cansa, sí, pero también se puede transformar. Que el miedo se vuelve más pequeño cuando se comparte.

Hoy seguimos en terapia. No porque estemos mal, sino porque nos ayuda. Nos hace bien. A veces todavía tenemos dudas pero es cierto que ya nos amamos como siempre. La eyaculación fue poco a poco desapareciendo, para el placer de ambos.

Facebook
Pinterest
LinkedIn
Twitter
Email
Scroll al inicio